video Block
Double-click here to add a video by URL or embed code. Learn more.

Mostraremos relatos, imágenes y videos de lo potente que es el ejercicio, con el Método XEA, en el tratamiento de pacientes con patologías crónicas.

 

C U I D A D O - F R Á G I L

 

Nuestra paciente con un segundo recambio protésico que ya lleva 30 años, muestran claros signos de aflojamiento, desgaste severo en los cotilos y severa debilidad ósea. La constancia de Sara Guffanti por más de 14 años en nuestra clínica, nos ha permitido con ejercicio especializado, lograr que permanezca asintómatica y postergar una tercera cirugía que se debió haber realizado hace más de 12 años.

 

Por Germán Munita Cristi

«CUIDADO - FRÁGIL» advierten por todos lados los letreros en el negocio repleto de espejos, vidrios y marcos que manejan exitosamente Sarita y su esposo Julio. Forman una pareja feliz que ha construido su prosperidad a punta de mucho esfuerzo. Pero tras una fachada de normalidad, la verdad es que la etiqueta de «CUIDADO - FRÁGIL» debió haberla llevado Sarita desde el momento en que llegó al mundo en Rosario, Argentina, en 1938. Por haber nacido con una severa displasia (dislocación de cadera), sus padres fueron informados que si la operaban para remodelar sus pequeños huesos, podría caminar a los 3 años y si no, recién a los 9. La operaron, pero la herida se infectó y demoró en sanar debido a la falta de antibióticos (era 1940). De esa intervención, Sarita aun recuerda el pavor que a los 2 años le provocaron el instrumental médico y la sala de operaciones. También que cuando cambió la persona que le renovaba el yeso para drenar la herida, ella gritó hasta desgañitarse. Pensaron que era un berrinche para que la atendiera el doctor original, pero en realidad era de dolor porque la habían enyesado con el hueso mal puesto. Además de estos malos recuerdos, la pequeña quedó con mal apetito. Estaba bajo el peso y se contagió con TBC en una pieza compartida. Aunque no podía desplazarse, iba adelantada en los aspectos cognitivos y de lenguaje. Después, y gracias a ejercicios de kinesiterapia, logró desarrollar suficiente fuerza hasta que logró pararse y caminar, recién a los cinco años.

 

Hasta ahí llegaron los remilgos con la niña, porque ella misma se quitó el letrerito «CUIDADO - FRÁGIL». A esa edad tomó conciencia de sí misma y le afloró en plenitud su carácter alegre, curioso y extrovertido. Era algo más baja que sus compañeros de colegio, sí, tenía una pierna un poco más corta que la otra, también, pero era más entusiasta que ninguno. Cuando sus padres se mudaron a Córdoba para manejar un recinto vacacional, fue como llevarla a un parque para que disfrutara a fondo la vida a esa edad. Después de las horas de estudio se podía ver a Sarita correr con sus amigos, deslizarse con ellos por las techumbres, practicar montañismo y otros deportes y, más tarde, calzar tacos altos para lucir en las fiestas su menuda y bien armada figura. Bailando era un verdadero trompo, y solo ocasionalmente unos dolores de cadera le recordaban el cartel que se había sacado. Un médico dictaminó que toda esa actividad estaba bien y que a los 18 años, al terminar su crecimiento, correspondería instalarle prótesis en ambas caderas. Pero Sarita no quería operarse y además ya tenía un novio, con quien se casó apenas salió del colegio, a los 18 años. El joven esposo era muy emprendedor, por lo que se mudaron a Mendoza en busca de un mejor futuro. Allí tuvieron su primera hija. En 1960 el marido se vino a Chile y su esposa lo siguió poco después. Acá tuvieron la segunda hija. Pese a la cojera que siempre la había acompañado, Sarita crió a sus niñas sin ayudas, con todo lo que eso significó de esfuerzos físicos y trajines. Pero al pasar el tiempo los sufrimientos fueron aumentando. Al cumplir los treinta, en 1968, visitó un médico por primera vez en Chile, el cual se alarmó al ver en los rayos X el desastre que tenía en sus caderas.

 

No le quedó más remedio que volver a ponerse el cartel de «CUIDADO - FRÁGIL». En 1973, a sus treinta y cinco años, los insoportables dolores y el diagnóstico médico la convencieron que había llegado el momento de operarse. Le pusieron prótesis en ambas caderas, y continuaron con ejercicios kinésicos. En 1985 se le aflojaron las dos prótesis, había que reponerlas. En ese período le sobrevino una depresión debido a los padecimientos físicos y a la separación de su marido, por lo que rehusaba operarse. Finalmente accedió, pero hubo complicaciones posteriores debido a inflamaciones por rechazo a los injertos de hueso que le habían implantado, como parte de la intervención en la pelvis y fémures. Al año siguiente le sobrevino una inflamación por rechazo de los injertos, complicándose con intensos dolores a la columna, por lo que quedó inmovilizada en cama. Los dolores se atenuaron por un tiempo, pero después continuaron, aunque menos invalidantes. A todo lo anterior se le sumó una severa escoliosis que se desarrolló por las anomalías de su aparato locomotor. Pese a todo, el ánimo de Sarita no decayó, ya que por esos años inició su relación con Julio, su actual marido, que la conocía de antes y la había apoyado durante todos estos trances.

 

En 2001 comenzó a atenderse en KinesicWork con tres sesiones semanales, donde en 2008 se le recomendó usar bastones para evitar caídas. Dos años después nuevamente le aparece una infección, esta vez en la cadera derecha con dolor, fiebre, y disminución del apetito y del peso. Reaparecieron los fuertes dolores de nivel 10/10 en la escala EVA, por lo que debió usar silla de ruedas. Su médico opinó que era casi imposible que volviera a caminar. Le siguieron tratamientos con antibióticos, drenajes y sesiones en cámara hiperbárica para acabar con la infección. Entretanto, los ejercicios en KW no se interrumpieron. Ellos se sumaron al ánimo siempre alto de Sarita y al año siguiente la silla de ruedas dejó de ser necesaria. La paciente ya se pudo trasladar por sus propios medios con bastones, pero después de un tiempo le sobrevino bursitis en ambos hombros por la intensidad de su uso. Esta seguidilla de inconvenientes culmina el año 2014 cuando le detectaron un cáncer de útero. Sarita no se doblegó y salvó con éxito este nuevo desafío a punta de optimismo, el apoyo de su esposo, y los ejercicios, que continúan sin pausa hasta hoy. Ellos fueron diseñados en KW para reforzar la estructura ósea de los fémures que soportan las prótesis de caderas, y que están con sus paredes muy debilitadas. También están dirigidos a disminuir y controlar los dolores y molestias de la escoliosis y de la bursitis en los hombros, y a prevenir un nuevo cáncer por la vía de aumentar las células inmunológicas.

 

Por todo lo anterior sabemos que Sarita ya no podrá desprenderse del letrero «CUIDADO - FRÁGIL». Pero cuando la vemos movilizarse con total independencia en su VAN, caminar ágil con sus bastones y conversar siempre de buen ánimo, en KW también creemos que estamos ayudando a mantener en ella el espíritu de esa chiquilla traviesa que se lanzaba por los tejados de su casa en Córdoba.

 

 

Santiago, Mayo de 2017

 

La Historia de José Luis Sobarzo

 

N A C E R   D O S   V E C E S

 

La increíble recuperación de José Luis Sobarzo Campos cuando todos esperaban un desenlace fatal

 

Por Germán Munita Cristi

 

Lo conocí el día que llegó con su moto y su tremenda pinta de galán a probarse en la banda de rock que teníamos. “Soy José Luis Sobarzo pero todos me dicen Pape” dijo con modestia, sin aludir para nada a que era hijo de un artista famoso, nada menos que del primer bailarín del Ballet Municipal de Santiago. Como se postulaba para baterista, entonces pensé “buenos genes, con ese padre no le faltará coordinación motora”. Tipo multifacético, Pape  además de música había estudiado teatro, fotografía y artes marciales, por lo que asimiló rápidamente nuestro estilo musical. Enganchó de inmediato en el conjunto y participó en giras por Chile y Europa, donde tuvimos interesantes experiencias en que solo teníamos que seleccionar las chicas que se nos ofrecían. En todas partes Pape era el que más admiradoras atraía, mientras que nosotros aprovechábamos el tumulto. Eso duró hasta que recibió un flechazo, de esos que adormecen el sano juicio, al punto que decidió irse a vivir junto a una atractiva joven. Se establecieron en una vivienda anexa, en la parte trasera de la casa principal.

 

Una noche, al regresar sin compañía después de un carrete bastante extremo, no encontró las llaves, nadie le abrió desde su propia casa ni desde la que estaba adelante y, con la mente nada de clara, optó por escalar el muro. Mala decisión. Cayó pesadamente al otro lado desde dos metros de altura, fracturándose la pierna izquierda y azotando la cabeza. Quedó con un TEC cerrado, inconsciente e invisible desde la calle, mientras una hemorragia intracraneal hacía estragos. Cuando lo encontraron casi muerto varias horas después, fue llevado al Hospital Salvador, donde lograron mantenerlo con vida. Estuvo cuatro meses en coma, con una traqueotomía para permitirle respirar y una sonda gástrica para alimentarlo. Cuando despertó fue enviado a su hogar, sin esperanza alguna de recuperación, solo para que fuera bien atendido y muriera con dignidad.

 

Logró sobrevivir gracias a los cuidados de la familia y a la fortaleza de sus 38 años. Pero a los integrantes de la banda se nos encogió el corazón al saber que Pape, ese gozador de la vida había estado varios meses prácticamente muerto y era ahora como un recién nacido al que había que atender en todo. Percibía a duras penas su entorno, era incapaz de moverse y ni siquiera podía articular palabras. Al poco tiempo fue enviado a una clínica especializada en pacientes con daño neurológico severo. De esa época lo recordamos siempre soñoliento y sin levantarse de su silla de ruedas. Allí solo le aplicaron ejercicios asistidos, lográndose en cinco meses un pobre progreso en forma de algunos movimientos espásticos, sin control. Con tan poco avance, el padre de Pape, poco partidario de un tratamiento tan sobreprotector, buscó otras alternativas, hasta que recibió una explicación sobre el  método XEA  de  KinesicWork  y decidió probar esa opción.

 

En Abril de 2007 fue ingresado a esta clínica, partiendo de inmediato con sesiones diarias de 5 horas, intensidad necesaria para lograr algún progreso inicial. A sus cercanos ese ritmo nos pareció excesivo y más cuando se le agregaron ejercicios con pesas, algo inusual en pacientes espásticos. Pape también se resistió al comienzo, pero se entusiasmó cuando le introdujeronrutinas similares a las artes marciales que antes había practicado. Junto con la kinesiterapia tuvo sesiones de fonoaudiología que transformaron su balbuceo en una dicción dificultosa pero entendible. Después diría que en los dos primeros años de terapia progresó física y mentalmente como un niño desde los 3 hasta los 15 años. Ya no se sentía un bebé, estaba en la adolescencia de su renacer.

 

Ahora, después de 10 años de tratamiento en KinesicWork, la existencia de Pape se ha normalizado casi por completo. Camina y se moviliza en forma independiente, a veces en bicicleta, y acostumbra desplazarse en un cuadriciclo eléctrico. Los amigos de antes vemos que ya no queda nada del joven disoluto que era, pues ahora es un gran lector y conversador de temas trascendentes. Tiene trabajos esporádicos limpiando piscinas, participa en focus groups y, como no ha perdido nada de su atractivo aspecto, lo llaman como extra para escenas de la televisión. Mantiene una activa vida social con antiguas y nuevas amistades. Como asiduo visitante durante toda su recuperación, KinesicWork ha pasado a ser una extensión de su familia y suele visitar este centro simplemente para conversar, ver tele o tomar un café con esos terapeutas que han sido su apoyo y testigos de su segundo nacimiento.

 

Santiago, Abril de 2017

 

 

La historia de Roberto Meza

Avance: Paciente con antecedentes de AVE y cirugía por tumor intramedular cervical con secuela de severa tetraparesia. Tratado 6 meses con ejercicio especializado ( #MétodoXEA )

 

 

 

D O B L E    D A Ñ O

 

Los años de lucha de RobertoMeza Ramírez por recuperar la movilidad tras ser afectado por dos enfermedades invalidantes.

 

Por Germán Munita Cristi

 

Cuando en Diciembre de 2016 Roberto entró al living de la casa de su hermana, en Loncoche, para celebrar su cumpleaños número 42, sus familiares no podían creer lo que estaban viendo: caminaba con dificultad, pero esta vez por sus propios medios. Es que en la última reunión, cuatro años antes, se había presentado postrado, completamente inmovilizado en su silla de ruedas, con los miembros atrofiados y el estómago abultado hacia un costado. Ese estado era el resultado de un derrame cerebral que Roberto había sufrido a comienzos de 2008 y que le había paralizado el lado derecho del cuerpo. Había iniciado una terapia de Kinesiología, pero en octubre del mismo año, tras sentir dolores grado 10 (el máximo en la escala EVA) en la parte posterior del cuello, le habían detectado un grave tumor cervical. Este le fue extirpado, pero no se pudo evitar el deterioro en su médula espinal, que lo hizo perder la movilidad desde el cuello hacia abajo. Había quedado tetrapléjico. A ello se agregaba que su piel estaba tan sensible que no soportaba el más leve roce, no controlaba esfínteres, y tenía que alimentarse por una sonda gástrica. Su situación a fines de 2008 era como para desanimar a cualquiera. Pero no a Roberto.

 

En esa época se le suministraron drogas para mitigar el dolor, inició un tratamiento con corticoides y se agregaron sesiones diarias de ejercicios a domicilio. Con perseverancia y disciplina, Roberto siguió al pie de la letra las indicaciones de médicos y kinesiólogos, quienes lo presentaron varias veces ante estudiantes y colegas, incluso en congresos internacionales, como un raro ejemplo del doble daño por las consecuencias sumadas de una hemiplejia más un tumor cervical. Pero de resultados, nada. La familia lo había visto en medio de ese proceso de deterioro y guardaba esa imagen de él. Después de ese encuentro, y a los seis años de tratamiento en diferentes centros, seguía igual de discapacitado que al comienzo. Sin embargo, su esperanza no flaqueaba, y mantenía el ánimo atendiendo su negocio de abarrotes pese a las graves limitaciones físicas.

 

Hasta que a fines de 2015 Roberto fue atendido en la Clínica de Ejercicio KinesicWork. Aquí se le diseñó un esquema de ejercicios asistidos, tres veces por semana, y muy suaves al comienzo. Como quien suministra una dosis regulada de medicamento, los movimientos programados por los expertos eran cuidadosamente contabilizados. Una suerte de rara inteligencia radicada en nuestras células detectaba estos estímulos y los traducía en imperceptibles ajustes fisiológicos que se iban sumando sesión tras sesión. El cuerpo de Roberto empezó a responder lentamente y al poco tiempo él pudo efectuar en la colchoneta pequeños movimientos con sus extremidades, hasta entonces totalmente paralizadas. Con la misma perseverancia de sus terapias anteriores, pero ahora imbuido de una esperanza real, Roberto y su leal hermana cruzaban medio Santiago para asistir a cada sesión. La gran prueba vino cuando le pidieron erguirse sobre sus piernas. Para evitar accidentes, fue asegurado con un arnés colgante que se deslizaba por un riel en el techo. Más adelante, ese artefacto no fue necesario y, en la actualidad, para caminar solamente necesita apoyarse en un acompañante.

 

A fines de 2016, cuando lo vió su familia en Loncoche, el resultado parecía milagro pero era la respuesta a 14 intensos meses de tratamiento. En efecto, hasta Enero de 2017 Roberto ha asistido a 157 sesiones en las que se han contabilizado exactamente 164.536 repeticiones de sus ejercicios repartidos en todo su cuerpo. Poco después Roberto fue a un control con el neurólogo que seguía su caso. Como este no lo examinaba desde hacía un año, su sorpresa fue mayúscula al ver el estado en que ahora se encontraba el paciente. En una frase que mezclaba crudeza con objetividad, le dijo «siempre pensé que en la siguiente visita te iba a encontrar postrado o muerto, pero no así de recuperado»

 

En la actualidad camina por el barrio una cuadra diaria con ayuda de un andador (“burrito”), pasa más tiempo de pie y, por sobre todo, ha cambiado su mirada de la vida…

 

Tenemos que aprender a confiar en nuestro cuerpo ya que, con los estímulos adecuados, este reacciona para curarse a sí mismo, en forma totalmente independiente de nuestra conciencia.

 

 

Santiago, Febrero de 2017