El ejercicio moderado retarda en diez años el deterioro cognitivo en los adultos mayores

 

Caminar a paso ligero, trotar o relizar cualquier rutina aeróbica favorece el funcionamiento cerebral, según un nuevo estudio.

 

Realizar rutinas físicas cotidianas pasados los 65 años es una buena herramienta para detener el envejecimiento cerebral y mantener las habilidades mentales por más tiempo. Según un estudio publicado en la revista American Academy Neurology, se vio que el ejercicio retarda en unos diez años el declive cognitivo en quienes practican algún tipo de ejercicio de intensidad moderada.

 

Una sugerencia más que útil para los adultos mayores chilenos, considerando que más del 90% de ellos son sedentarios, según la última Encuesta Nacional de Salud.

 

"Cada día se acumula más evidencia de la importancia de fomentar la actividad física, ojalá durante toda la vida", dice el doctor Juan Carlos Molina, geriatra de Clínica Meds y miembro del comité ejecutivo de la Coalisión Mover, entidad formada en 2015 por diversas sociedades médicas locales para luchar contra el sedentarismo.

 

Este nuevo estudio es un ejemplo de aquello.

 

El doctor Clinton Wright, de la Universidad de Miami, analizó datos de 876 adultos mayores que participanen el llamado Estudio del Norte de Manhattan, una investigación de mayor envergadura, que sigue a un amplio grupo de población durante varios años.

 

Cuando se inició, hace siete años, los voluntarios fueron sometidos a tests de memoria y habilidades cognitivas, así como a resonancias magnéticas para observar su funcionamiento cerebral.

 

Además, se evaluó con qué frecuencia e intensidad hacen algún tipo de ejercicio. El 90% de los encuestados dijo no realizar actividad física, o hacerlo, pero a baja intensidad (como caminar para dar paseos), El 10% restante reconoció hacer ejercicios de moderados a intensos, como correr o nadar.

 

Al comparar todos esos datos con evaluaciones hechas en la actualidad, se vio que entre los miembros del grupo de baja o nula actividad se había producido un mayor declive cognitivo, como una disminución en la rapidez para responder tests sencillos o la capacidad de recordar palabras de una lista.

 

Frente al grupo de actividad moderada o intensa, la diferencia en términos de habilidades cognitivas era equivalente a diez años de envejecimiento, incluso al eliminar otros factores que afectan la salud cerebral, como tabaquismo, consumo de alcohol, hipertensión y obesidad.

 

"La actividad física es una opción atractiva para reducir el riesgo de daños cognitivos, es de bajo costo y no interfiere con otros fármacos", dice Wright.

 

El doctor Molina explica que este beneficio se asocia a que el ejercicio, cuando es aeróbico y moderado, bombea una sustancia que produce una mejoría en la sinapsis (conexiones neuronales) a nivel cerebral. "Eso mejora las capacidades cognitivas y tiene un rol protector en la prevención de demencias".